Me queda clara la bondad de recuperar la práctica de articulación del aprendizaje en grupo, manteniendo ahora, la inquietud de mantenerla activa, de no olvidarla por lo menos hasta que adquiera o recupere la destreza. Solo entonces, podré dejar que me sea invisible.
¿Estaré comenzando a comportarme como un potencial atisbador?. Esta fue la pregunta que "me cayó" a continuación. Que me esté reuniendo a esta edad, con otras personas adultas, para conversar acerca de tales temas, me parece algo insólito dentro de mi mundo cotidiano; y como dice el texto, las anomalías no hay que pasarlas por alto. Entonces, de inmediato comencé a buscar otras, para encontrarme con que el Club me había enviado unas recomendaciones para leer este y cualquier otro texto, sugiriéndome que lo considere como una conversación con la lectura. Entonces, tanto mis conversaciones con mis compañeros de grupo, como mi lectura individual, me muestran una característica común: Se trata de una conversación. Advierto entonces, que no estoy memorizando definiciones de nuevos términos lenguisticos, sino que asimilando nuevas distinciones; no estoy en la obligación de aprobar un curso, sino en el compromiso voluntario de aumentar mis posibilidades, dentro de mis capacidades; no estoy estudiando, como antaño, para ser emprendedor, sino conversando acerca de las formas que lo harían posible. En consecuencia, hago una Reconfiguración de mis prácticas de aprendizaje, en la cuál aplico liviandad a mis actividades, les extraigo la gravedad (lo contrario de liviandad), aún conservando la seriedad (hasta el humor es serio, inteligente), del mismo modo en que he llevado a cabo mis conversaciones sociales, las que generalmente son relajadas, placenteras y provechosas. Me cambia entonces mi estado de ánimo y mi disposición a aprender con alegría.
Entiendo que para cambiar mi espacio de atisbamiento, no es necesario recurrir a todos y cada uno de los modos que me lleven a mi hacer-historia, esto es, a través de la Articulación, Reconfiguración y la Apropiación cruzada, pero se me ha despertado el apetito y voy tras esta última. Y la encuentro rápidamente: Me doy cuenta que aquellas cosas que no he olvidado jamás, aún sin utilizar ni practicar por mucho tiempo, como lo es el andar en bicicleta, o dominar un balón de foot-ball, o un determinado aroma, o una poesía que me gustó, son aquellas que han pasado por mi propia experiencia, por mis vivencias.
Vuelvo entonces, a leer este primer capítulo, en compañía de mi esposa, conversando con ella e intentando conversarlo también con la lectura, con liviandad, pero además, intentando ahora que aparezcan mis propias experiencias, las que comienzan a fluir con una facilidad que no me hubiera imaginado. Creo estar practicando una Apropiación Cruzada, trayendo a este espacio de atisbamiento del entender la lectura, la práctica que tuvo lugar en otros espacios, el de la distracción, el del deporte, el de las sensaciones y el de la poesía. La lectura comienza a tener más sentido, aún cuando me da la impresión de que si lo leyera mil veces, las mil veces me revelarían nuevas cosas. Cuando llego al acápite en el que precisamente la lectura se refiere a la Apropiación Cruzada, el ejemplo del teléfono celular me calza absolutamente, ya que yo lo uso exclusivamente para asuntos de mi vida familiar y privada.
¿ Será que estoy tomando consciencia de que soy un atisbador o que puedo llegar a serlo? Puede ser, me respondo con liviandad, ya lo sabré más adelante, ¿Para qué apurarme? Mientras tanto, trataré de estar atento a las anomalías. Me doy cuenta que muchas situaciones conflictivas o difíciles de mi vida, las he resuelto comenzando por la observación de una anomalía. Pero estos hechos que pensaba que habían sido resueltos solo por obra de la simple suerte, ahora los atribuyo a la intuición que tuve, de detenerme a observar la anomalía. Mi apetito me pide, que en el futuro, me detenga conscientemente, ya no por simple intuición, a esperar atentamente que las anomalías se muestren en toda su dimensión.
Bueno, ¿Pero qué pasa con el estilo? Aparentemente es uno de los temas importantes de este primer capítulo, y sin embargo, no lo he mencionado en mis comentarios.
En el transcurso de mi lectura, me aparecieron conceptos respecto al estilo, que evité de intelectualizar. Quise ir sintiendo los mensajes que me llegaban, sin intervenir, sin contaminar el flujo de esta conversación, reconociéndome carente de la competencia que me autorizara a participar activamente en la comprensión del tema. Esto ya constituye toda una rareza en mí, y me comienza a resultar simpático.
Por el momento, me quedaré con la idea de que el estilo está muy ligado a la naturaleza de las personas e identidades, por lo que se me ocurre hacer una analogía con la Madre Naturaleza, aquella que nos ofrece tantas bondades, sabiduría y oportunidades, pero que reclama ser tratada con mucha delicadeza, cuando en ella intervenimos. El estilo, al igual que la Madre Naturaleza, tenemos que empezar por conocerlo, aceptarlo en sus virtudes y defectos, cuidarlo, y por sobre todo, utilizarlo y modificarlo de acuerdo a las circunstancias y para nuestro provecho, sin traspasar sus límites, sin alterarlo en su esencia, ni provocarle desequilibrios.
Manteniéndome en esta analogía, me quedo finalmente con una pregunta. La Madre Naturaleza se manifiesta de variados modos, que de hecho lo puedo apreciar en el Trópico, en la Antártica, en los bosques y el desierto, en la cálida y húmeda corriente del niño y la seca y fría corriente de la niña; pero todo esto lo entiendo como distintas prácticas de la Naturaleza, que es una sola. ¿Puedo entonces pensar que mi estilo, aún mostrando distintas prácticas en distintos espacios disclosivos, es también uno solo?
Septiembre 15, 1998
FERNANDO VASQUEZ
Thank you!